NACE UNA NUEVA FAMILIA

RELACIÓN DE PAREJA

La enfermera Silvia de Lourenço, del Hospital de S. Bernardo, admite que el nacimiento de un hijo «implica la readaptación de la pareja en el plano afectivo, a los cambios físicos y fisiológicos, y a la relación afectiva y sexual. La pareja, a menudo muestra particular dificultad en conciliar el rol parental y la vida sexual de pareja», explica.

Ante esta situación, algunos hombres no logran evitar sentirse excluidos. Además, se dice que es justo en este período postparto – cuando la mujer corre el riesgo de establecer una relación simbiótica prolongada con su bebé, no dando espacio para que su compañero se acerque a ella y al niño.

El nacimiento del bebé puede reavivar muchos sentimientos de exclusión del hombre. Éste puede sentirse excluido y en el límite «tener una inclinación a actuar en el plano de la sexualidad buscando otras relaciones», admite Ana Catarina Duarte Silva, recordando que cuando esto sucede, generalmente tiene lugar en el tercer trimestre del embarazo, «en que puede haber cierto distanciamiento de la mujer». A esas alturas, «es difícil pretender que no existe un tercero - el bebé -».

Sin embargo, la experta cree que «si el hombre es suficientemente maduro se dará cuenta de que la mujer está sujeta a mucho estrés, cambios y transformaciones» y, por lo tanto, también encontrará una medio de entenderlo. La aplastante mayoría de los expertos en el campo de la sexualidad en el embarazo indica el diálogo abierto entre los elementos de la pareja, como la mejor manera de resolver las dificultades a este nivel, según se presentan.

Cada familia tiene su tiempo para adaptarse. Para algunas es más fácil que para otras; todo depende de los temperamentos y de la comprensión del momento, defiende la psicoterapeuta, recordando que «todo se aprende y éste es un aprendizaje esencialmente positivo».

Para construir la nueva familia, hombre y mujer van a tener que hacer algunas concesiones. Las más importantes son el espacio y el tiempo, según Ana Catarina Duarte Silva «Pero sobre todo el tiempo, porque en cuanto al espacio se puede ir amoldando», dice. Ahora el tiempo deja de ser de ellos y pasa a girar en función del otro. Y todo gira alrededor de esto – “ahora no tengo tiempo”, “ya no tengo tiempo”. Cada uno de ellos ya no es dueño de su tiempo en función de ese niño, pero eso puede vivirse de manera gratificante, explica.

Claro está que esta concesión de tiempo es especialmente de la mujer, sobre todo en la actualidad, en que es madre y mujer, tiene una profesión, trabaja fuera del hogar, tiene ambiciones a este nivel y otros intereses.

Con el nacimiento del bebé, las alteraciones en las rutinas familiares son inevitables; sin embargo, puede verificarse un desajuste capaz de interferir al nivel del bienestar físico de los padres, en particular con la alteración del patrón del sueño, garantiza Sílvia de Lourenço. Explica que el enfermero puede tener un papel importante aquí, aclarando todavía que la ayuda del profesional es siempre personalizada. En otras palabras, teniendo siempre en cuenta a cada una de las familias y su historia personal, para saber orientar mejor. En este caso, por ejemplo, «debe discutir la rutina de la pareja y especificar las interferencias en el sueño, con el fin de determinar el alcance del problema y orientar la intervención, explorando maneras de crear un entorno más propicio al sueño y reposo». Entre otras estrategias, la familia puede ser aconsejada por el profesional de la salud a «limitar las visitas al bebé para evitar la debilitación y la fatiga», y además que el sueño de la madre coincida con el del bebé, de modo que le permita energías.

Según el psicólogo clínico Manuel Coutinho, los niños necesitan que la madre y el padre los acojan en su máximo exponente y que les ayuden a crecer con mucha serenidad y tranquilidad. «En una fase temprana, los cuidados físicos son tan importantes como son los psicológicos», porque el bebé no necesita solamente que lo alimenten y que cuiden de su higiene. «Necesita también que lo cojan en brazos, le den cariño y lo llamen por su nombre».

R UNA FAMILIA

Convertirse en una familia es «crear este espacio emocional de ayuda mutua entre las personas, en el sentido de colaborar y hacer que cada uno tenga éxito y prosperidad individual y colectivamente», defiende.

Siempre podemos decir que hay niños que pueden facilitar más esta integración, por sus características psicológicas y físicas. Son más tranquilos y relajados, risueños y atractivos, facilitan la interacción, facilitan la tarea de los padres. Además, los niños que nacen diferentes, con algunas patologías, hacen, aunque solo sea en términos prácticos, que este proceso de formación de la tríada sea más lento y complejo. Generalmente es un periodo de ansiedad y confusión para los padres, al menos en los primeros días.

De todos modos, según Manuel Coutinho, lo que se sabe hoy en día es que «con independencia de las características físicas o eventualmente la reactividad que un niño tiene al nacer, los padres deben desencadenar esa reactividad», estimulándola. «Es en la relación que se establece con las personas que vamos aprendiendo a quererlas», dice Manuel Coutinho. Distinto del hijo imaginado, «el hijo real necesita que los padres le proporcionen una buena acogida desde el principio, de manera que sea un niño feliz», subraya. Y concluye: «Porque los niños pueden ser felices si tienen padres amigos, padres moderadores, padres que se preocupan, no en exceso en el sentido de hacer las cosas en su lugar, pero que les indican el camino. Los hijos necesitan padres que sepan cómo tornarlos autónomos y adultos felices » Enorme es, por lo tanto, el reto de hoy ser dos y mañana tres. Y crecer juntos.


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