¿QUÉ ALIMENTOS Y EN QUÉ ORDEN?

Aunque existe poco consenso, hay algunas directrices que pueden adaptarse a cada bebé y a su realidad cultural. Es importante consultar con el profesional de la salud que acompaña a su hijo.

En primer lugar es conveniente introducir un nuevo alimento cada vez y esperar de 3 a 5 días para observar la existencia de posibles reacciones adversas. También debe darse prioridad al uso de la cuchara, con el fin de estimular el aprendizaje y desarrollo de las capacidades del bebé y no se debe añadir sal o azúcar a cualquier alimento. Hay que tener igualmente en cuenta, los alimentos con altos niveles de nitratos (espinaca, remolacha, nabo y zanahoria), tratando de retrasar su introducción.

Si el primer alimento complementario es la papilla, el segundo es, por lo general, el puré de verduras. Quiere la primera papilla, quiere el primer pure, deben ser ralas (Que sus componentes,partes o elementos están más separados de lo normal) y bien hechas, con una consistencia semilíquida. A medida que el bebé crece, la consistencia será progresivamente más sólida, así como se van introduciendo nuevos ingredientes.

Es importante que la primera papilla no contenga gluten. El gluten – fracción proteica presente en el trigo, centeno y cebada – contiene gliadina, es factor desencadenante de la enfermedad celíaca en individuos genéticamente susceptibles, de manera que no debe introducirse demasiado pronto. Es por esta razón que las primeras papillas son de arroz y/u maíz, cereales exentos de gluten.

Entre los 5 y los 6 meses, normalmente se introduce la fruta, aunque su introducción depende de la edad en que ha comenzado la diversificación. son tradicionales la manzana y la pera (cocida o al horno) y el plátano, resaltando que no se debe empezar con frutas que tienen mayor potencial de causar reacciones adversas (por ejemplo, zarzamora, kiwi, fresa y maracuyá). Sin embargo, no hay motivo para evitar determinados frutos tropicales como el mango o la papaya.

Luego sigue la carne, introducida en el pure. Su introducción es esencial, ya que aporta proteínas de alta calidad nutricional, así como el hierro – importante para evitar la anemia por déficit de hierro. Se debe preferir las carnes magras y blancas (aves) y también las de pequeños animales como el conejo, por la calidad y cantidad de grasa.

En cuanto al trigo, centeno y cebada – que implican la presencia de gluten – se introducen a partir de los 6 meses de edad.

Por poseer mayor potencial alergénico, tradicionalmente se introduce el pescado más tarde que la carne – por lo general, alrededor del 9º mes. No hay evidencias científicas suficientes para justificar el retraso excesivo en la introducción del pescado (u otros alimentos potencialmente alergénicos), para precaver la alergia. Además, conviene destacar que este alimento es rico en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (LCPUFA) y en proteína de elevado valor biológico, proporcionando también la adquisición de hábitos alimentarios saludables. Así, el pediatra o profesional de la salud que acompaña la diversificación, puede recomendar la introducción temprana del pescado.

Entre el 9º y el 10º mes es normal introducir el yogur (natural, sin azúcar ni saborizantes). Actualmente existen opciones convenientes para bebés – elaborado con leche de transición – que son preferibles, a condición de que no contengan azúcar añadido.

A partir del 9º mes, se introduce además la yema del huevo – en el pure y en sustitución de la carne o pescado, de manera progresiva. La clara del huevo, por poseer mayor potencial alergénico, sólo se introduce a los 12 meses.

Entre los 9 y los 11 meses se introducen la pasta y las leguminosas (guisante, haba, judía). Estas últimas deben remojarse muy bien y utilizarse un pasapuré – a la antigua – para descascarillarlas.

En cuanto a los componentes lácteos, se recomienda mantener la lactancia materna, mientras se va diversificando la dieta del bebé. Cuando la lactancia no es posible, hay que optar por alternativas seguras – es decir, fórmulas – puesto que la leche de vaca “normal” (no modificada), no debe introducirse antes del final del primer año de edad. Después de esa edad, se puede introducir la leche de vaca en su estado natural, aunque hoy en día existen opciones más adecuadas – con menor contenido de proteínas, menos grasas saturadas y mayores niveles de hierro, zinc y determinadas vitaminas – las leches de crecimiento.

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