UN VACÍO POR RELLENAR

10 es el número de abortos que se producen en cada 100 embarazos.

1 a 2% es el porcentaje de embarazos tardíos que terminan en la muerte perinatal.

22% es el porcentaje de las situaciones de fertilización que en definitiva no tienen continuidad.

Ante la pérdida de un bebé, los padres se esfuerzan por encontrar una solución capaz de poner fin al sufrimiento. En el horizonte, hay un esperanza – el dolor puede ser superado.

Catarina (nombre ficticio), profesora de educación física de 33 años de edad ha vivido la experiencia de la pérdida de un embarazo. Cuenta que la buena noticia del primer hijo trajo muchas expectativas en su día, admite, «fue un shock». Una complicación inesperada durante el embarazo la había forzado a quince días de reposo absoluto. Finalmente recuperó las fuerzas, pero, en una ecografía realizada en la 12ª semana de embarazo, encontró que había tenido un aborto espontáneo. No quería creerlo. Lloró. Sufrió mucho. Inevitablemente, pensó que ya no deseaba tener hijos. Se aisló y no hablaba con nadie, ni con su esposo, familiares y amigos. El escape, comparte Catarina, lo encontró en la realización de un Máster y en el trabajo. « Daba clases en un gimnasio, pero salía de allí “Vacía”», describe la profesora, considerada por quien la rodea, una persona divertida, enérgica y de buen humor por naturaleza.

En su opinión, los hombres también pueden sentir la pérdida de un hijo durante el embarazo. «Ellos dan la parte fuerte, pero sufren mucho por dentro», subraya, recordando cómo era complicado, a veces, ver la tristeza y la desesperación estampadas en el rostro de su marido. Transcurridos algunos meses, llegó a la conclusión de que necesitaba ayuda más especializada. Lentamente, volvía a tratar con la gente y a ver el mundo con otros «colores». Partió en busca de razones, explicaciones, fórmulas para, a la luz de la ciencia, justificar esa pérdida. Fue entonces que Catarina decidió «hacer el duelo» al bebé, tratando de superar la profunda crisis en la que había caído. Un día, más tarde, nació una niña, fruto del deseo de la pareja.

CASOS MUY DISPARES

El testimonio anterior está lejos de ser un caso aislado. En la actualidad, no todos los procesos reproductivos finalizan correctamente. De cada cien embarazos, se producen diez abortos; uno o dos por ciento de los embarazos tardíos terminan en muerte perinatal; 22 por ciento de las situaciones de fertilización no tienen continuidad. Basado en estudios, los números están indicados por Inês Pina Cabral, autora de un capítulo en el libro «Psicología del Embarazo y de la Parentalidad» (coordinación de Isabel Leal), dedicado al tema de la muerte y el duelo durante el embarazo y el puerperio.

Entiéndase que el período perinatal es el período de tiempo que transcurre entre las 20 semanas de embarazo y los primeros siete días después del nacimiento. Sin embargo, puede considerarse más amplio, desde la fecundación hacia los primeros 28 días de vida.

El concepto de muertes perinatales abarca las muertes fetales, que se refieren a las pérdidas en el último trimestre del embarazo, así como las muertes al nacer, que pueden ocurrir durante el parto, y aún las muertes neonatales, que suceden durante el período del puerperio, en las primeras seis semanas después el parto.

Cada caso es diferente, pero los padres sienten más o menos, la pérdida psicológica de un hijo, dependiendo de la relación de afecto creada con el bebé intrauterino.

«La involucración que la pareja hace durante el embarazo es proporcional al sufrimiento por la pérdida », explica a nuestra revista, Inês Pina Cabral, psicóloga clínica del Departamento de Pedopsiquiatria del Hospital de Dona Estefânia (HDE), quien da clases de Máster en Psicología del Embarazo y de la Parentalidad, en el Instituto Superior de Psicología Aplicada (ISPA). Si, a veces, es necesario un apoyo más técnico para que el padre y la madre sean capaces de lidiar con la pérdida de un bebé, en otros casos no siempre experimentan una pérdida tan dolorosa. En realidad, hay casos clínicos en que las personas terminan haciendo el duelo de manera natural.

ESPACIOS DE AYUDA

Existen asociaciones, sin fines lucrativos, que tiene como objetivo acoger y acompañar a los padres a través de reuniones, facilitadas por un mediador con una experiencia personal de pérdida similar.

«Tiene mucho que ver con lo que se pierde por dentro y no con lo que se pierde en el exterior», afirma Inês Pina Cabral, a propósito de este tipo de estructuras, que dan una respuesta a los padres que sufren pérdidas ya sean del embarazo, de bebés o de hijos adultos. Los grupos de ayuda mutua son considerados un espacio de intercambio de experiencias mutuas, no todas las personas son adeptas a este tipo de iniciativas.

Los grupos de ayuda mutua no sustituyen el seguimiento clínico y viceversa; ambos se complementan.

LA PÉRDIDA DEL BEBÉ - Duelo como espacio de elaboración

«El proceso del duelo se organiza en tres fases…», explica la psicóloga Inês Pina Cabral, «…una primera fase de protesta, que tiene que ver con sentimientos como la ira y la decepción. La activación del sufrimiento, de vacío, de tristeza, de falta, tiene que ver con una segunda fase, conocida como desorden. En una tercera fase, hay un período de organización, en el cual la persona comienza a buscar soluciones a esta crisis.

«Debe darse un espacio para la elaboración de la pérdida, y esto implica un tiempo», aclara Inês Pina Cabral, de lo contrario, puede conducir a graves consecuencias de “conflicto interior”.» En el caso denominado "sustitución" los bebés nacen en el contexto de un embarazo, en el cual los padres idealizan el mismo bebé del embarazo anterior, considerándolo una especie de "continuidad" de un proceso inacabado. Por ejemplo, si los padres escogen el mismo nombre para el bebé, hay un «retorno» claro, que luego puede afectar en la manera en que se relacionan con el niño. Por esta razón, generalmente se aconseja que la pareja no avance hacia un embarazo inmediatamente después de una pérdida. «Llenar el vacío sin estar preparados», dice, lleva a persistir en ese sentimiento de culpabilidad.»

VOLVER REAL LA PÉRDIDA

Una de las principales diferencias en relación a otros procesos de duelo es que, a menudo, tienen que hacerse a la luz de un bebé imaginario. No obstante, hacer una pérdida real puede aliviar el dolor, motivo por el cual los padres deben contactar con el cuerpo físico del bebé que nace sin vida, en los partos de nacidos muertos. Con la excepción de los casos en que se producen malformaciones profundas (en la que el consejo va en la dirección opuesta), se recomienda el contacto visual y táctil con bebés con el fin de facilitar todo el proceso. «Aunque la primera reacción es la negación, subraya Inês Pina Cabral, muchos padres son “sorprendidos por la positiva” porque nunca pensarían que el bebé era físicamente tan “bello”.» La memoria de la imagen del bebé resulta ser menos dolorosa, ya que «nuestra imaginación es mucho más arrolladora que la realidad», añade.

Maria de Jesus Correia, psicóloga clínica y Coordinadora del Departamento de Psicología de la maternidad Dr. Alfredo da Costa (MAC), corrobora la tesis de que se vuelve extremadamente importante que la pareja pueda hacer este contacto.

«Es esencial que el equipo técnico de un tiempo a la pareja para decidir o no» hacerlo, siendo frecuente que surjan discrepancias entre la madre y el padre sobre cómo manejar aquella muerte. «En la maternidad» y según los conocimientos de la psicóloga de lo que va siendo su experiencia, como «regla general» hay el cuidado, “más o menos universalizado”, por parte de los técnicos en dar la opción a los padres,» opina Maria de Jesus Correa.

La existencia de un registro fotográfico puede ser otro recurso para que los padres concreten la pérdida del bebé, que es parte de un imaginario. Inês Pina Cabral, recuerda que la investigación académica en este sentido (la importancia del duelo para los padres), ha llevado a una enfermera de origen inglesa, jubilada, a poner en práctica el “ritual” de recopilar fotografías en álbumes en los casos en que hay un cuerpo para realizar el duelo. El álbum tiene como objetivo dar «cuerpo” a “una vida que ha existido y que tenía un significado” para esa madre y ese padre, reportando «la historia del bebé», describe la psicóloga. Y añade: «pueden hacerse fotos «del bebé limpito, envuelto en una manta, como si estuviera durmiendo» con «la impresión de la mano y del piececito», registros de datos personales, en pro del derecho de los padres de llevar consigo un recuerdo del bebé (o de regresar más tarde para solicitar el álbum, una vez terminado el espacio de tiempo en que la madre y/o el padre estuvieron interiorizando la pérdida).

EL DUELO MASCULINO

Lejos quedan los tiempos en los que el hombre no se involucraba en el embarazo. Es común hablar de la depresión postparto en los hombres, por lo tanto, la pérdida postparto también pueden ser de los padres, entiende la profesional. En la mayoría de los casos, son ellos los que asumen claramente el apoyo a sus mujeres que están físicamente más debilitadas. «Los padres se dedican a los aspectos más funcionales y no paran para pensar en sus pérdidas», explica Inês Pina Cabral; sin embargo, «cuando parece que las madres empiezan a mejorar, son los padres los que “se rompen”». A medida que la involucraciónes mayor, todas las señales visibles en lo femenino tienden a aparecer en lo masculino, adelanta la psicóloga, no dejando de haber peculiaridades en la mujer durante la experiencia física del embarazo. Una madre que se enfrenta a una pérdida neonatal sufre un gran dolor por no tener un hijo a quien darle leche materna, por ejemplo.

Es un hecho que cada uno administra el dolor de manera distinta. Las parejas deben comunicarse para evitar «leer de manera tergiversada el sufrimiento del otro», lo que puede crear “una distancia” entre ellos, alerta la psicóloga del HDE. Compartir espacios es por lo tanto determinante, puesto que la pérdida de un bebé puede reflejarse en la unión o en la separación de la pareja. «Hay un porcentaje muy significativo de los que se separan, no aguantan, porque estar con el otro significa enfrentarse a la pérdida», informa.

ENFRENTAR LA CRISIS FAMILIAR

También los niños pueden tener problema con la pérdida de un hermano, dependiendo de la edad y de la sensibilidad de cada uno. Con las debidas diferencias, y dentro del nivel cognitivo y de desarrollo del niño, hay que ayudarles a crear un “espacio” para digerir determinada pérdida. «Hay niños a los que hemos explicado que existen semillas que dan fruto y otras que no llegan a salir de la tierra», explicó, «si no es así, ¿cómo puede un niño entender que había una barriga y deja de haber esa barriga, que venía un hermanito y ahora ya no viene el hermanito?». La pérdida de un hermano puede no ser la causa principal del dolor sentido por los niños. Es el hecho de ver a los padres sufrimiento lo que les preocupa. «Hay una crisis familiar», y por lo tanto, cada elemento de la familia tiene que ser apoyado a lo largo del proceso. Afortunadamente, la abrumadora mayoría de las familias tiene capacidad para apoyarse mutuamente y administrar tal «crisis», sin recurrir a medios técnicos. Otras prefieren pensar que pueden disponer de un apoyo especializado para enfrentar las dificultades familiares, concluye la psicóloga.

RESPUESTAS

Las pérdidas experimentadas por la madre y el padre durante el embarazo o puerperio, el período inmediatamente después del nacimiento, pueden generar respuestas:

Afectivas- Sentimientos y emociones como la tristeza, soledad, culpabilidad, enojo, ansiedad, apatía, shock, desesperación, desamparo.

Conductuales – Aspectos del comportamiento tales como la agitación, fatiga, llanto, aislamiento. Evitar o buscar lugares, guardar objetos que recuerden al niño.

Cognitivas – Pensamientos que reflejan preocupación por el niño, como la sensación de la presencia del niño vinculada con alucinaciones visuales (ver al bebé) o auditivas (oír el lloro del bebé), baja autoestima, falta de memoria, dificultades de concentración.

Fisiológicas – Pérdida de apetito, insomnio, quejas sintomáticas (por ejemplo, dolores abdominales, opresión en el pecho).

 

Fuente: Adaptado de Rolim, L. e Canavarro, M., Perdas e luto durante a gravidez e o puerpério, in Canavarro, M. (coordinación) (2006), Psicología del Embarazo y de la Maternidad, 2ª edición, Coimbra, Editora Quarteto.

GLOSARIO

El proceso de duelo puede organizarse en tres fases:

Fase de protesta – Corresponde al inicio del proceso de duelo y puede durar desde unas horas hasta varios días. Se caracteriza por sentimientos de shock inmediatos e invasivos, apatía, incredulidad y negación.

Fase de desorden – Hay una progresiva toma de consciencía de la pérdida. Es un período en que las emociones empiezan a volverse manifiestamente dolorosas, acompañadas por sentimientos de tristeza y sufrimiento profundo.

Fase de reorganización – La persona en duelo va, lentamente, recuperando su interés por el mundo. Los recuerdos dolorosos son cada vez menos frecuentes, dando paso a los recuerdos más positivos. Se inician nuevas actividades y se da espacio a nuevas relaciones, pudiendo reanudarse relaciones anteriores.

Texto de Ana Margarida Marques

Con la participación de

Inês Pina Cabral, psicóloga clínica, Departamento de Pedopsiquiatría del Hospital de Dona Estefânia

Maria de Jesus Correia, Coordinadora del Servicio de Psicología de la Maternidad Dr. Alfredo da Costa,

Catarina, madre (nombre ficticio).


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