LA IMPORTANCIA DE LA MÚSICA EN LA INFANCIA

Es en la infancia que se aprende más y mejor. Varios estudios han demostrado que los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo intelectual y afectivo del ser humano. La calidad de las interacciones que se establecen con los bebés desde el nacimiento es muy importante. Cantar, acunar, dar palmaditas, hacer juegos relacionados con el movimiento y la danza, son al mismo tiempo maneras de estimular y medios para construir una relación que se desea asegurar, basada en la confianza recíproca.

El acceso a actividades musicales en las que padres e hijos participan es, además de un tiempo precioso en la construcción de su relación, una oportunidad para descubrir juntos las bases del vocabulario musical. De acuerdo con Edwin Gordon, es en el momento del nacimiento que el niño posee un mayor potencial para el aprendizaje musical.

Por otro lado, la vivencia práctica de la experiencia musical facilita el acceso a un conjunto de estímulos que son igualmente importantes para estimular la adquisición de otras habilidades. Este es el caso, por ejemplo, de la capacidad lingüística. La discriminación de sonidos y de ritmos, una parte importante de la experiencia musical, es algo igualmente significativo en la adquisición de la lengua materna.

En definitiva, la oferta de actividades musicales de calidad proporciona un tiempo de placer experimentado por padres e hijos, y al mismo tiempo es una experiencia de estímulo de todos los sentidos, como base de todo aprendizaje.

LAS PRIMERAS EXPERIENCIAS MUSICALES DEL BEBÉ

Vemos las primeras experiencias relacionales del bebé, relacionadas con la voz y con el cuerpo de quien lo cuida, como sus primeras experiencias musicales.

Es el cuerpo táctil que acuna, coge en brazos, calienta, baila, carga. En estos diferentes modos de andar o coger el bebé, están implícitas las primeras lecciones de movimiento y estructuración rítmica.

Es la voz de la madre que susurra y repite cadencias mágicas que ayudan el bebé a dormir. La voz de la madre que le habla, repitiendo de manera acompasada, frases como ¿"Quieres papilla, verdad"? "Tienes hambre, pues... ya voy, ya voy...". La voz que consuela y alienta. La voz que interpreta el comportamiento del bebé - ¿"Estás riendo"? ¿"Mi tesoro se ríe"? - y así va dando significado a las interacciones no verbales, esenciales para la construcción del auto imagen del bebé y de sus patrones de comunicación.

La voz y el cuerpo del (los) cuidador(es) del bebé son los primeros timbres de la gran orquesta de la vida. Representan un material sonoro y precioso para la construcción de vínculos afectivos. Deben tocarse con frecuencia, siguiendo la propia intuición. Estamos biológicamente programados para recurrir a elementos de naturaleza musical cuando interactuamos con los bebés. Así, de una manera espontánea, usamos procesos de comunicación con características que son compartidas, tanto por el lenguaje musical como por la lengua materna. Amplificamos el volumen de los sonidos y ralentizamos lo que decimos; hacemos bromas oscilando entre la tensión y la distensión; repetimos acompasadamente pequeñas estructuras; tarareamos una canción; inventamos sonidos e inflexiones en juegos vocales en los que contestamos o incitamos al bebé.

En fin, usamos la voz, la cara, la mirada, el tacto y el cuerpo, de manera que la música y el lenguaje pierden sus fronteras y sirven a su función primordial: comunicar.

 

Helena Rodrigues y Paulo Maria Rodrigues – “Companhia de Música Teatral”

www.musicateatral.com


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