CÓMO DETECTAR SI MI HIJO ESTÁ ESTRESADO

Los deberes, las clases extraescolares, la presión por alcanzar objetivos, las exigencias, las metas que les pedimos… los niños también se pueden estresar. Ellos ven cómo los padres se ven sometidos a un ritmo frenético, el de la sociedad actual, que apenas deja tiempo para reflexionar, para disfrutar de la familia. Y luego también la situación económica, que es todavía complicada en muchos hogares y que al final se traslada a casa donde se respira tensión, incertidumbre respecto al futuro…

Al final, los pequeños también se dejan influenciar por todo lo que les rodea y no hay que olvidar que siguen siendo niños y que su actividad principal además de ir a la guardería o al colegio, es jugar.

No se trata de entablar una discusión de si tienen más o menos deberes, como se está debatiendo recientemente, porque también puede que estén sobresaturados de actividades extraescolares y muchas veces ellos mismos dicen que carecen de tiempo, que tienen que dejar de hacer una u otra cosa porque realizan múltiples actividades.

Todo esto puede repercutir en el buen estado de su salud mental, que también es importante. Por todo ello, ¿cómo podemos detectar si nuestro hijo está estresado?

Probablemente le notemos más irritable, más apático o más cansado de lo normal. Es necesario estar atento para ver si cambia de humor de forma continua y si está más arisco. Pero, sobre todo, no debemos alarmarnos si es algo aislado, sólo si se prolonga durante un tiempo es cuando tendremos que empezar a preocuparnos.

También pueden presentar algunas manifestaciones físicas como alteraciones digestivas, despertares nocturnos o dificultad para dormir, dolor de cabeza o dolores musculares.

Es importante detectar a tiempo todos estos signos del estrés y actuar con rapidez, porque un estrés continuado puede derivar en una ansiedad si por ejemplo el niño tiene predisposición a ello o se unen otra serie de factores ambientales o biológicos, entre otros.

Lo primero que tenemos que hacer es hablar con el niño y tratar de averiguar qué le puede estar desencadenando ese estrés. Si vemos que no podemos manejar la situación, lo mejor es acudir a un experto que nos asesore.

 

Actualmente existen alternativas para tratar el estrés o la ansiedad que no presentan efectos secundarios ni  generan dependencia, como es el caso de la homeopatía. Los medicamentos homeopáticos son muy recomendados en pediatría y en situaciones de ansiedad y alteraciones del sueño asociadas resultan de utilidad. Un profesional de la salud formado en homeopatía es quien mejor va a determinar el tratamiento para nuestro pequeño, de modo que si es esta opción la que quieres elegir para abordar el estrés de tu hijo recuerda que los medicamentos homeopáticos pueden ser una opción interesante para él, y que el diálogo y la compresión con él resultan claves para obtener buenos resultados.


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