PREVENCIÓN DE LA RETENCIÓN DE LÍQUIDOS

Los cambios hormonales durante el embarazo pueden hacer que tu cuerpo retenga más sodio (sal), y esto aumenta la cantidad de líquidos en tu organismo. Además, el aumento de peso dificulta la correcta circulación de éstos fluidos, aumentando la tendencia a acumularse, especialmente en las extremidades (pies, tobillos y manos); y si eres una embarazada de término, prepárate en los meses más calientes, porque el calor intensifica mucho la retención de líquidos.

Con relación a la alimentación, debes tener algún tipo de atención, en particular en cuanto al control del aumento de peso, así como a la ingesta de sal. Por ese motivo, reduce todos los alimentos salados (productos de salchichería y charcutería, fritos, productos enlatados e industrializados) y aumenta la ingesta de alimentos ricos en potasio, como frutas y hortalizas, que ayudan a equilibrar el exceso de sodio.

No cometas el error de pensar que beber agua va a empeorar la situación – es precisamente lo contrario, ya que el agua ayuda a “limpiar” el sistema. Así que, ¡trata de ingerir de 1,5 a 2 L de agua diariamente entre las comidas! Durante las comidas, la ingesta de agua dificulta la digestión y no contribuye al proceso de depuración ni de hidratación del cuerpo. El ejercicio regular (confirma con tu obstetra qué tipo de ejercicio puedes practicar) también ayuda a estimular el drenaje linfático (tu sistema de limpieza interno). Asegúrate de que no sufres de estreñimiento, ya que esto impide que las toxinas sean eliminadas y favorece la retención de líquidos. Si se presenta esta situación, intenta descansar lo más posible con las piernas elevadas (con la ayuda de una almohada o un soporte de piernas), haz movimientos con los pies para estimular la circulación de los líquidos y ayuda con baños de agua fría en las piernas.

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