UN COMIENZO DIFERENTE

Aquellos que visitan por primera vez una Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatología (UCIN) de un hospital, se enfrenta a una realidad a menudo ignorada, pero eso significa esencialmente un comienzo diferente de vida para un número significativo de bebés.

Las Unidades de Cuidados Intensivos de Neonatología (UCIN), tal como se presentan hoy en día, son servicios hospitalarios altamente especializados, con equipos multidisciplinarios de profesionales, respaldados por una variedad de medicamentos siempre en actualización, tecnología de vanguardia y procedimientos sofisticados. Trabajan intensamente para aumentar las posibilidades de supervivencia de los bebés hospitalizados. Representan un enorme avance de la Medicina que, además de brindar esperanza, plantean también una serie de nuevas cuestiones terapéuticas, éticas y educativas.

Luís Pereira da Silva, consultor de Neonatología en el Hospital de Dona Estefânia, con más de 30 años de práctica hospitalaria, considera que las UCIN son «verdaderas unidades de elite, en términos de humanización y competencias».

LA VIDA PATAS ARRIBA

Según el experto, «un bebé prematuro es un shock importante», porque no sólo «el nacimiento prematuro es inesperado», como la pareja tiene «su ideal de bebé perfecto, normal, de tres kilos» y de repente, de la noche a la mañana, nace un ser completamente débil y diferente del bebé idealizado» y no saben cómo reaccionar.

La hospitalización de un bebé, nacido prematuramente, en una UCIN representa, sin duda alguna, una situación de crisis para los padres y que adquiere frecuentemente características abrumadoras para su equilibrio, bienestar y capacidad para asumir el papel parental. «Un calvario», considera el neonatólogo. «Es un calvario la perspectiva de que el bebé pueda quedarse con secuelas neurológicas y motoras». Los padres tienen que enfrentarse a una situación nueva, desconocida, amenazadora y, a menudo, de diagnóstico incierto. «Los padres tienen que estar muy bien apoyados por todos los profesionales médicos involucrados», explica Luís Pereira da Silva.

La madre, generalmente cansada y dolorida después de un parto traumático, tiene dificultad en descansar y alimentarse. El padre se siente raro y vulnerable, en un entorno en el que no entiende su papel o no puede encontrar la privacidad necesaria para expresar sus emociones confusas y contradictorias. El especialista recuerda que «en lugar de los habituales sentimientos de satisfacción, ternura, curiosidad y orgullo de su bebé», estos padres tienen que manejar «emociones complejas de miedo, ansiedad, ira, culpabilidad» y algunos incluso sienten «incapacidad para mirar aquel ser tan extraño y frágil, rodeado de tantos aparatos e instrumentos».

ADEMÁS DE SALVAR LA VIDA

El período de hospitalización del bebé, en que los padres están en contacto diario con los diferentes profesionales y con otros padres en situación similar, y con el proceso de adaptación al bebé, es un tiempo importante para reflexionar sobre el rol de padres. Dependiendo del tipo de información a que tienen acceso, el diálogo que establecen con los demás adultos y, sobre todo, la experiencia de interacción que van desarrollando con el bebé, los padres salen del hospital con un conjunto de ideas más o menos realistas, más o menos rígidas, más o menos abiertas a nueva información y a nuevas experiencias, que tendrán un efecto decisivo en el tipo de actitudes educativas y, por lo tanto, en el propio desarrollo del bebé.

Los neonatólogos de la actualidad se preocupan tanto de salvar como de preservar la calidad de vida y del desarrollo cognitivo, social y emocional, dando cada vez más espacio y atención a los procesos de interacción entre los padres y el bebé, como una de las condiciones fundamentales para el tratamiento y desarrollo de esos bebés.

Luís Pereira da Silva termina diciendo que «los padres pueden estar seguros de que su bebé será cuidadosamente monitoreado y vigilado hasta al momento en que se le considere con una condición de salud, suficientemente estable y adecuada, para recibir el alta médica, siendo este un segundo comienzo de su vida, finalmente en casa con su familia».

POSIBLES REACCIONES DE LOS PADRES

Cuando un bebé nace prematuro, hay padres que enseguida quieren involucrarse en todo y hay otros que sencillamente no quieren estar allí, porque son conscientes de que pueden surgir complicaciones graves. Este comportamiento es «una especie de protección psíquica, afectiva» para evitar una gran implicación ante la posible pérdida del bebé, considera Teresa Abreu, psicóloga clínica y máster en Psicología del Embarazo y de la Parentalidad. “El bebé prematuro está siempre en riesgo”, afirma la especialista.

APOYO DE PROFESIONALES

Los profesionales «emplazan a los padres a estar presentes y tratan de involucrarlos, nunca respondiendo con hostilidad a un padre (o madre) que no quiera ver a su bebé y tratando siempre de averiguar qué les lleva a alejarse», dice la psicóloga. Los técnicos de la salud pueden «hacerlos sentir que, a pesar de la situación, es posible interactuar con su bebé, que él responde a los estímulos de los padres y así ayudar a los padres a aprender a lidiar con el bebé prematuro», afirma Teresa Abreu, que termina diciendo: «los padres, al ver que su bebé reacciona, aunque sea al pasar el dedo por su piernecita, empiezan a sentirse más competentes y más estimulados».

Texto de Maria João Nunes

Con la participación de Luís Pereira da Silva, experto en Pediatría y consultor de Neonatología del Hospital de Dona Estefânia

Teresa Abreu, psicóloga clínica y máster en Psicología del Embarazo y de la Parentalidad.


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