CUANDO DOS PASAN A SER TRES

El nacimiento del primer hijo ocasiona cambios profundos en la vida de la pareja. Crea roles nuevos, principalmente de madre y de padre.

El desafío es enorme, pero la experiencia enriquecedora cuando se basa en el amor.

Ellas no se cansan de repetir que hay un antes y un después. Que «todo cambia con el nacimiento del primer hijo». Se acabaron las noches de sueño bien dormidas, por lo menos durante algún tiempo, y todo es redimensionado en función de ese bebé, tan chiquitín, que necesita toda la protección y cariño. Luego viene la alegría de verlo dar el primer paso, pronunciar la primera palabra... tal vez “mamá”. Son mujeres de varias generaciones que exteriorizan un sentimiento de amor, que dicen ser «único y superior a cualquier otro».

«El nacimiento de un niño es el «impulsor de grandes cambios en todos los miembros de la familia, lo que permite empezar una nueva fase de transición en el ciclo de la misma», explica la enfermera Sílvia de Lourenço, , postgraduada en Psicología del Embarazo y de la Paternidad, explicando, que «la paternidad es un proceso irreversible que configura un proyecto de vida a largo plazo o incluso vitalicio».

El cambio más importante que sucede cuando nace el primer hijo es pasar de una relación dual a una relación triangular, según la psicóloga clínica y psicoanalista Ana Catarina Duarte Silva. «Es como si pasaras de una relación bidimensional a una tridimensional, donde comienza a haber densidad y volumen», comenta. Con este salto se gana complejidad.

La psicoanalista no comparte la tesis de que este es un momento de crisis. Es una transición, dice, «extremadamente positiva, salvo acontecimientos desfavorables». «Se trata de un cambio. Pero, como en todo cambio hay crecimiento, maduración, hay un nuevo tipo de relación y una perspectiva nueva acerca de la vida», aclara, subrayando que esta es una experiencia de amor, si todo sale bien, que va a enriquecer y posicionar la familia en otro nivel. «Es un nivel más elevado, en el sentido del crecimiento humano, algo más espiritual. Hay hombres y mujeres que han sentido el nacimiento del primer hijo como un regalo de Dios, lo que es muy bonito porque es reconfortante, enriquecedor.»

CAMBIOS EN LA VIDA DE LA PAREJA

«Por mucha complejidad que pueda acarrear, el nacimiento de un niño cambia la vida de la pareja para mejor», reconoce el psicólogo clínico Manuel Coutinho.

Uno de los primeros cambios en la perspectiva femenina es, desde luego, la experiencia del embarazo y del parto. En la primera, «la madre estaba completa por el bebé, había soñado con un niño determinado y era el centro de las atenciones», explica, resaltando que a partir del momento en que éste nace, existe un niño real que viene a dictar nuevas rutinas y suscitar preocupaciones nuevas. Por ejemplo, la mujer deja casi de inmediato de ser “el centro de las atenciones”. Por otra parte, «la relación conyugal que era única y exclusiva pasa a ser también una relación filial, parental, y la pareja pasa a tener la preocupación por la educación y protección del hijo»

La representación paterna para el feto es distinta de la materna, garantiza Sílvia de Lourenço, y eso se debe «al hecho de que, durante la gestación el niño se mantiene a través del cuerpo de la madre, mientras que el padre está privado de esta realidad». Sin embargo, recuerda que «la relación más estrecha» del compañero «con la embarazada, le permite desarrollar sus emociones de manera más adecuada, contribuyendo a fantasear acerca de situaciones relacionadas con el futuro niño y con sus propias experiencias de la paternidad».

Manuel Coutinho sostiene que desde el momento que se empieza a anhelar un niño, comienza a dibujarse una familia, entendiéndola como «un espacio emocional en que sus elementos tienen la preocupación común de ayudarse los unos a los otros». Después y a lo largo del «embarazo, estos lazos se van profundizando y la vinculación empieza a establecerse cada día más, en cada ecografía, en el latido del corazón del bebé», añade, teniendo en cuenta que es muy importante amar al niño in útero. Aclara: «Dentro del vientre de la madre, él escucha lo que ocurre en el exterior, está atento a los estímulos. Una vez nacido, la calidez de los brazos que se le extienden, del padre y de la madre, es igualmente fundamental.» Según la enfermera del Centro Hospitalar de Setúbal, la transición a la maternidad y paternidad «impone la revisión, al nivel individual, de los roles de la infancia y de los modelos de interacciones constatados con y entre los padres, y también al nivel de la pareja, la reorganización de las modalidades anteriores de relación y la preparación para la tarea conjunta de cuidar a un bebé».

Cuando un bebé nace, los padres son como invitados a una introspección acerca de cómo eran de bebés, qué desean para ese hijo y qué proyectan en él aunque inconscientemente, afirma Ana Catarina Duarte Silva. «La paternidad implica un proyecto de futuro que debe abarcar toda la historia pasada de cada uno de ellos [los padres], la historia del momento presente y lo que esperan del porvenir», dice. Los padres tienden a vincularse a los hijos y a educarlos desde su propia experiencia, sobre todo inconscientemente, explica.

TRANSICIÓN A LA PATERNIDAD

Como proceso de adquisición y de transición, la maternidad/paternidad, involucra dos componentes, dice Sílvia de Lourenço. El primero se refiere «al conocimiento y las habilidades para cuidar del bebé» y el segundo «al afecto, la concienciación y preocupación por las necesidades del recién nacido». Con respecto “a los factores determinantes de la conducta paternal», la enfermera dice que «hay razones para creer que hombres y mujeres son influenciados por los mismos tipos de factores y que el “talento” paternal no es inherente a ninguno de los sexos». Puesto que esta experiencia puede ser simultáneamente «gratificante y confusa», los enfermeros tienen un papel importante, particularmente en las clases de preparación al parto, enseñando y orientando a los padres, para que se sientan “confiados y competentes en sus nuevos roles”. Así, entre otras cosas, las clases sirven para «educar al padre acerca del proceso y alteraciones consecuentes del embarazo y del parto», también enseñando «a prestar los primeros cuidados al bebé».

El padre puede y debe ayudar en muchas tareas, admite Ana Catarina Duarte Silva, quien ve en esto una ventaja añadida a lo que ha sido dicho hasta ahora. Esta ventaja consiste en el hecho de que el hombre se vaya acercando, «integrando», cuando existe el riesgo de una relación muy simbiótica entre madre e hijo. Según la psicoanalista, durante el primer mes de vida del niño es normal que la madre se dedique exclusivamente al hijo, pero no por mucho más tiempo. «En la naturaleza todos los animales se recogen con sus crías para más tarde regresar al macho. La naturaleza humana también es así; el bebé esta muy indefenso y, de hecho, necesita protección de la madre y del padre. Depende mucho de la madurez del hombre que sea capaz de superar, entender y prever eso o no».

Ante esta situación, algunos hombres no logran evitar sentirse excluidos. Además, se dice que es justo en este período postparto – cuando la mujer corre el riesgo de establecer una relación simbiótica prolongada con su bebé, no dando espacio para que su compañero se acerque a ella y al niño –

La enfermera del Hospital de S. Bernardo, admite que el nacimiento de un hijo «implica el reajuste de la pareja en el plano afectivo, de los cambios físicos y fisiológicos, y en la propia relación afectiva y sexual. La pareja, a menudo demuestra particular dificultad en conciliar el rol parental y la vida sexual en pareja », explica.

RIESGOS EN LA RELACIÓN DE PAREJA

El nacimiento del bebé puede reavivar muchos sentimientos de exclusión del hombre. Éste puede sentirse excluido y en el límite «tener una inclinación a actuar en el plano de la sexualidad buscando otras relaciones», reconoce Ana Catarina Duarte Silva, recordando que cuando esto sucede, generalmente tiene lugar en el tercer trimestre del embarazo, «en que puede haber un cierto distanciamiento de la mujer». A esas alturas, «es difícil pretender que no existe un tercero - el bebé -».

Con todo, la experta cree que «si el hombre es suficientemente maduro se dará cuenta de que la mujer está sujeta a mucho estrés, cambios y transformaciones» y, por lo tanto, también encontrará un medio de entenderlo. La aplastante mayoría de los expertos en el campo de la sexualidad en el embarazo indica el diálogo abierto entre los elementos de la pareja, como la mejor manera de resolver las dificultades a este nivel, según se presentan.

Cada familia tiene su tiempo para adaptarse. Para algunas es más fácil que para otras; todo depende de los temperamentos y de la comprensión del momento, defiende la psicoterapeuta, recordando que «todo se aprende y éste es un aprendizaje esencialmente positivo».

Para construir la nueva familia, hombre y mujer van a tener que hacer algunas concesiones. Las más importantes son el espacio y el tiempo, según Ana Catarina Duarte Silva «Pero sobre todo el tiempo, porque en cuanto al espacio se puede ir amoldando», dice. Ahora el tiempo deja de ser de ellos y pasa a gurar en función del otro. Y todo gira alrededor de esto – “ahora no tengo tiempo”, “ya no tengo tiempo”. Cada uno de ellos ya no es dueño de su tiempo en función de ese niño, pero eso puede vivirse de manera gratificante, explica.

Está claro que esta concesión de tiempo es especialmente de la mujer, sobre todo en la actualidad, en que es madre y mujer, tiene una profesión, trabaja fuera del hogar, tiene ambiciones a ese nivel y otros intereses.

Con el nacimiento del bebé, las alteraciones en las rutinas familiares son inevitables; sin embargo, puede verificarse un desajuste capaz de interferir al nivel del bienestar físico de los padres, en particular con la alteración del patrón del sueño, garantiza Sílvia de Lourenço. Explica que el enfermero puede tener un papel importante aquí, aclarando todavía que la ayuda del profesional es siempre personalizada. En otras palabras, teniendo siempre en cuenta a cada una de las familias y su historia personal, para saber orientar mejor. En este caso, por ejemplo, «debe discutir la rutina de la pareja y especificar las interferencias en el sueño, con el fin de determinar el alcance del problema y orientar la intervención, explorando maneras de crear un entorno más propicio al sueño y reposo». Entre otras estrategias, la familia puede ser aconsejada por el profesional de la salud a «limitar las visitas al bebé para evitar la debilidad y la fatiga», y además que el sueño de la madre coincida con el del bebé, de modo que le permita reponer energías.

Según Manuel Coutinho, los niños necesitan que la madre y el padre los acojan en su máximo exponente y que les ayuden a crecer con mucha serenidad y tranquilidad. «En una fase temprana, los cuidados físicos son tan importantes como son los psicológicos», porque el bebé no necesita solamente que lo alimenten y que cuiden de su higiene. «Necesita también que lo cojan en brazos, le den cariño y lo llamen por su nombre».

RETOS AL FORMAR UNA FAMILIA

Convertirse en una familia es «crear este espacio emocional de ayuda mutua entre las personas, en el sentido de colaborar y hacer que cada uno tenga éxito y prosperidad individual y colectivamente», defiende.

Siempre podemos decir que hay niños que pueden facilitar más esta integración, por sus características psicológicas y físicas. Son más tranquilos y relajados, risueños y atractivos, facilitan la interacción, vuelven la tarea de los padres más fácil. Además, los niños que nacen diferentes, con algunas patologías, hacen, aunque solo sea en términos prácticos, que este proceso de formación de la tríada sea más lento y complejo. Generalmente es un periodo de ansiedad y confusión para los padres, al menos en los primeros días.

De todos modos, según Manuel Coutinho, lo que se conoce hoy en día es que «con independencia de las características físicas o eventualmente la reactividad que un niño tiene al nacer, los padres deben desencadenar esa reactividad», estimulándola. «Es en la relación que se establece con las personas que vamos aprendiendo a quererlas», dice Manuel Coutinho. Distinto del hijo imaginado, «el hijo real necesita que los padres le proporcionen una buena acogida desde el principio, de manera que sea un niño feliz», subraya. Y concluye: «Porque los niños pueden ser felices si tienen padres amigos, padres moderadores, padres que se preocupan, no en exceso en el sentido de hacer las cosas en lugar de ellos, pero que les indican el camino. Los hijos necesitan padres que sepan cómo volverlos autónomos y adultos felices » Enorme es, por lo tanto, el reto de hoy de ser dos y mañana tres. Y crecer juntos.

ACERCA DE LOS NIÑOS

El psicólogo clínico Manuel Coutinho nos habla acerca de lo que es mejor para los niños, desde el momento en que nacen:

Distinto del niño imaginado, el hijo real viene a cambiar la vida de la pareja para mejor;

Cuanta más atención y afecto dediquéis a vuestros hijos, cuantos más cuidados tengáis con ellos, más seguros y felices serán estos niños;

Los niños tienen memoria, recuerdan lo bueno y lo malo desde muy temprano. Cuanto más temprano están sometidos a traumas, más comprometida se queda su vida mental adulta, su salud psíquica;

El niño no es un adulto en “miniatura”, tiene afectos y sensibilidad, y al nacer trae una gran cantidad de neuronas capaces de absorber casi todo;

Por ese motivo, es muy importante estimularlo para aprovechar todo ese potencial. Cuanto más temprano es ese entrenamiento, mejor, más retiene y se queda con más información.

NIÑOS DIFERENTES

La enfermera Sílvia de Lourenço comparte algunas consideraciones sobre este tema:

El nacimiento de un niño prematuro o con cualquier patología, representa una prueba difícil para los padres, así como una amenaza a sus creencias y expectativas sobre el bebé idealizado y fantaseado;

La llegada de un bebé diferente, se asocia típicamente con intensas reacciones emocionales, caracterizadas por una gran confusión, trastorno, labilidad y ansiedad;

La ansiedad se explica principalmente por el miedo y la preocupación sobre la supervivencia del bebé en los primeros días de vida; más tarde, con su salud y desarrollo, así como la autoevaluación de la falta de competencia para tratar y educar a un niño "más difícil";

El tiempo de hospitalización del bebé es esencial para la construcción mental de este hijo y sobre el papel de los padres. Profesionales de la salud tienen un papel crucial en la aclaración de la condición del bebé y en la mediación del contacto entre ambos;

Un ejemplo de este contacto es el recurso al método madre canguro, un tipo de asistencia neonatal que implica el contacto piel con piel entre madre/padre y bebé de bajo peso, de manera creciente y por el tiempo que ambos entiendan suficiente;

El método ha producido efectos positivos sobre la salud del bebé y en el vínculo entre padres/bebé y, en cuanto a los aspectos psicológicos de los padres, especialmente relacionados con su sentido de competencia y autoestima;

Es importante apoyar y motivar a los padres en este proceso de interacción/vinculación, en el sentido de evitar desajustes de la actitud del cuidador;

La aceptación de las circunstancias tarda algún tiempo. Explorar, argumentar y compartir es esencial para identificar las fantasías, temores y esperanzas no realizadas y continuar con el proceso de adaptación.

Texto de Lia Pereira

Con la participación de
Ana Catarina Duarte Silva, psicóloga clínica y psicoanalista
Manuel Coutinho, psicólogo clínico
Sílvia de Lourenço, enfermera del servicio de puerperio/ginecología del Centro Hospitalar de Setúbal, posgraduada en Psicología del Embarazo y de la Parentalidad.


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